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LA EMPRENDEDURÍA SOCIAL, MEJOR COOPERATIVA*  

Jordi Garcia Jané



Palabras de moda

A menudo se asimila abusivamente todo el que es innovación con innovación empresarial o con la innovación de base tecnológica. Aun así, hay otras clases tanto o más importantes de innovación que a menudo se ignoran; me refiero a la innovación social.

La innovación social consiste en una idea, un principio, una acción, una forma de organizarse o una combinación de estos elementos que cambia las relaciones sociales y de la sociedad con el medio. Decimos que toda innovación es siempre disruptiva, es decir, supone un cambio respecto a una situación anterior. Ahora bien, este cambio puede ser a mejor o a peor. La necesidad de advertir de aquello obvio, es decir, del hecho que una cosa sea nueva no implica que sea buena ni mejor, estorba los defensores del capitalismo, que saben que este es un sistema inherentemente expansivo, adicto a la innovación empresarial perpetua para poder mantener el proceso de acumulación de capital, con independencia que los cambios sean beneficiosos o perjudiciales para la sociedad. No hay criterio ético, sino crematístico: el único que cuenta es que la aplicación de la innovación encuentre demanda solvente; cualquier otra consideración les molesta. Pues bien, hoy, en plena crisis social, ecológica y energética, tenemos que ser claros: innovar por innovar no tiene sentido; cualquier innovación tiene que ser socialmente útil y ecológicamente sostenible.

Por otro lado, a veces parece como si se adoptara el término “emprendedor” como un eufemismo de la palabra "empresario", probablemente porque se considera que esta palabra suena mal, puesto que a menudo se asocia a patronal, banca o explotación. Aparte de las operaciones cosméticas, yo también discierno emprendedor de empresario, pero en otro sentido. Por mí, emprendedor es una calidad o actitud que puede poseer cualquier persona; empresario, en cambio, es una condición social.

Naturalmente hay muchos empresarios que son emprendedores, pero también nos encontramos con muchos otros que, de emprendedores, tienen muy poco. Quizás son empresarios por herencia familiar; quizás fueron emprendedores hace años, cuando abrieron la empresa, y después han dejado de serlo... Y al contrario, muchas personas emprenden proyectos importantes y arriesgan tiempos y recursos sin, por eso, crear ninguna empresa.

Existen, pues, muchas clases de emprendeduría. Medios de comunicación, gobiernos, universidades... y muchos empresarios para legitimarse acostumbran a identificar abusivamente emprendeduría con emprendeduría empresarial y a magnificar a los emprendedores empresariales, entronizándolos como una raza superior de individuos heroicos y visionarios, que tienen que soportar la incomprensión de los mortales.

Uno de los ejemplos típicos que exhiben es el de Thomas Alva Edison, genial inventor de la bombilla y del gramófono, pero también hombre de negocios y cofundador de General Electric, la multinacional que durante una época simbolizó el capitalismo norteamericano. Pero no se nos dice que de los más de mil inventos que patentó a nombre suyo, la mayoría los habían hecho sus empleados. Y es que la innovación suele ser cooperativa, un auténtico parto en equipo, aunque a veces sus frutos sólo se los apropien algunos.

Pero además de los emprendedores económicos talmente como Edison o Steve Jobs, hay sociales, culturales u otros tipos que resultan más difíciles de clasificar. ¿Cómo calificaríamos, por ejemplo, la emprendeduría hecha por Cristóbal Colón, descubriendo América para los españoles y empezando la conquista y colonización europeas del continente? ¿Emprendeduría aventurera, emprendeduría militar? Sea cual sea la naturaleza de su emprendeduría inicial, el cierto es que, después, derivó también en una suculenta emprendeduría económica: los reyes Católicos lo nombraron virrey y le concedieron la prerrogativa de embolsarse el 10% del producto neto de la mercancía comprada, ganada, hallada o cambiada dentro de los límites del territorio que administraba en nombre de la corona de Castilla, que, todo se tiene que decir, se quedaba el 20%. Porque esta es otra característica de la emprendeduría: además de ser diversa e intermitente, con el tiempo puede mudar de naturaleza.

Un caso muy diferente es el de otro Cristóbal Colón, Cristóbal Colón, presidente de la cooperativa La Fageda. Este Colón coetáneo nuestro sí que es un claro exponente de emprendedor social, que, en este caso, ha canalizado un magnífico proyecto de inserción de las personas discapacitadas intelectuales de la Garrotxa a través de una empresa cooperativa sin ánimo de lucro donde hoy trabajan unas 270 personas.

Ahora bien, no toda la emprendeduría social se tiene que canalizar mediante una empresa, mal que pese a los neoliberales que querrían empresarialitzar cualquier necesidad humana. Por ejemplo: juntar jóvenes de un barrio marginal para crear con ellos una liga de fútbol como mecanismo de integración y de educación en valores es una actividad de emprendeduría social que quiere mucho empuje y constancia, arriesgada incluso; pero en cambio no pide fundar ninguna empresa. Abrir un comedor social en un pueblo para las personas sin recursos requiere de buenos niveles de organización y de cierto dinero, pero no pide tampoco ninguna gestión profesionalizada ni ninguna estructura jurídica, salvo que logre un gran volumen.

La economía social y solidaria, aliado natural

La emprendeduría social se puede llevar a cabo de manera individual o colectiva, y esta segunda puede plasmarse en una sociedad mercantil o en una entidad o empresa de la economía social y solidaria.

Antes de continuar, deshagamos otra posible confusión: ser entidad o empresa de economía social y solidaria no equivale necesariamente a practicar la emprendeduría social. La forma no hace la función, por más que ayude. Hay empresas de economía social (1) que parten de una actitud emprendedora de tipo social, junto a otros en que la emprendeduría reviste una motivación puramente económica o que, si bien tienen una finalidad claramente social, no incorporan ninguna idea innovadora o disruptiva, una característica que acostumbra a definir la emprendeduría social. Crear una cooperativa de trabajo para gestionar un restaurante o para suministrar soluciones informáticas constituyen iniciativas de emprendeduría económica, y no otra cosa; del mismo modo como iniciar al año 2012 un grupo de consumo agroecológico en el propio barrio no es, en rigor, una iniciativa de emprendeduría social, en la medida que no supone ningún riesgo significativo ni ninguna actividad innovadora. En cambio, sí cumplían esta segunda característica los primeros grupos de este tipo, cuando empezaron ahora hace 20 o 30 años. Por supuesto, el hecho que estos proyectos económicos no sean de emprendeduría social no los quita valor ni legitimidad.

Una vez aclarado que no toda economía social y solidaria es emprendeduría social, igual como no toda emprendeduría social adopta formas de economía social y solidaria, ya podemos constatar que la economía social y solidaria encaja de forma natural con la filosofía, las necesidades y las aspiraciones de los emprendedores sociales colectivas que quieren canalizar su actividad mediante una empresa; la mejor prueba de esto es que un buen puñado están constituidas como asociaciones, sociedades laborales, fundaciones o como cooperativas, y es esta última la forma que inspira ideológicamente el conjunto del sector.

La afinidad entre la economía social y la emprendeduría social proviene, primeramente, de la coincidencia de finalidad, que es más social que económica, basada en resolver necesidades en vez de maximizar beneficios. Pero también en el hecho de que la organización empresarial creada para canalizar un proyecto de emprendeduría social acostumbra a gestionarse de manera similar a como se gestionan las empresas de la economía social y solidaria. Normalmente las iniciativas de emprendeduría social son colectivas -que es la mejor manera de sumar capacidades, disminuir riesgos y obtener más impacto transformador- y están gobernadas de manera participativa por sus grupos de interés.

No es casualidad que muchas prácticas de economía social y solidaria hayan sido verdaderos referentes de emprendeduría y de innovación sociales. La misma figura de la sociedad cooperativa representa una innovación social clave, igual que lo fueron en su tiempo las mutualidades obreras de previsión social, que inspiraron los sistemas de Seguridad Social.

Recoger la nueva cooperación social

Hoy, la economía social y solidaria puede seguir siendo el marco adecuado para canalizar empresarialmente aquellos proyectos de emprendeduría social que lo necesiten. Para eso, tiene que mantenerse fiel a sus finalidades, valores y principios y alejarse de los cantos de sirena que incitan las empresas del sector a mimetizarse en emprendidas capitalistas para acabar convirtiéndose en un tipo de capitalismo de los pobres con sueños de rico, quien sabe si porque a sus miembros los consume la baja autoestima propiciada por el menosprecio con que los grandes prescriptores tratan el sector.

Ahora bien, no es suficiente ser fiel al ADN propio. Desde la economía social y solidaria en general y desde el cooperativismo en particular, lo tenemos que complementar con un proceso de renovación que permita incorporar las nuevas formas de cooperación social que están emergiendo por todas partes. Estas expresiones incipientes nacen motivadas por varios factores. Uno de ellos viene constituido por las nuevas necesidades, capacidades y limitaciones derivadas de las medidas de austeridad -para los pobres- que impone la oligarquía económico-financiera en el actual contexto de crisis capitalista. Necesidades de trabajo, de servicios, de abaratar el coste de la vida..., en la medida que aumentan hasta niveles inimaginables

Ahora bien, no es suficiente ser fiel al ADN propio. Desde la economía social y solidaria en general y desde el cooperativismo en particular, lo tenemos que complementar con un proceso de renovación que permita incorporar las nuevas formas de cooperación social que están emergiendo por todas partes. Estas expresiones incipientes nacen motivadas por varios factores. Uno de ellos viene constituido por las nuevas necesidades, capacidades y limitaciones derivadas de las medidas de austeridad -para los pobres- que impone la oligarquía económico-financiera en el actual contexto de crisis capitalista. Necesidades de trabajo, de servicios, de abaratar el coste de la vida..., en la medida que aumentan hasta niveles inimaginables el paro y los salarios miserables y se desmantela lo que ha sido el bienestar ganado en estos últimos treinta años. Capacidades de personas sin trabajo, pero formadísimas; de empresas, pisos y locales que se abandonan y que pueden ser recuperados a coste bajo o nulo... Limitaciones, sobre todo, de capital, en la medida que la crisis todavía reduce más el ahorro popular, la principal fuente de financiación de los proyectos empresariales de economía social y solidaria.

Otros factores que caracterizan la tierra donde empiezan a brotar estas nuevas iniciativas de cooperación social son la potencialidad que ofrecen las TIC y el web 2.0 para articular formas de cooperación económica entre individuos, si bien se trate de prácticas de implicación débil, por otro lado, el interés que, en estos últimos años, desvelan las ideas y las prácticas de la economía solidaria dentro del sector activista.

¿En qué iniciativas estoy pensando? Pienso en expresiones del llamado trabajo colaborativo en red y de consumo colaborativo, en el crowdfunding, en las redes de intercambio, en asociaciones culturales convertidas en pequeñas empresas, en los grupos informales de compra agroecológica... A pesar de ser prácticas intrínsecamente cooperativas, por ahora el sector parece incapaz de atraerlas valorándolas, ayudándolas y construyendo discurso compartido. Su precariedad -financiera, organizativa y existencial-, su carácter micro y, quizás también, su fuerte carga ideológica transformadora chocan a veces con una mentalidad cooperativa estrecha. Una pista de esta desconexión entre, por decirlo de alguna manera, el cooperativismo constituido y este cooperativismo constituyente nos la da el mismo vocabulario empleado por las prácticas emergentes: se denominan trabajo colaborativo en red o de consumo colaborativo, cuando perfectamente se podrían adjetivar como trabajo cooperativo en red o consumo cooperativo.

Veamos a continuación siete tendencias que estas prácticas emergentes de cooperación social parecen apuntar; quién sabe si por ellas pasa el desarrollo en estos próximos años tanto de la economía social y solidaria como de la emprendeduría social.

Una primera tendencia es el uso intensivo de la tecnología digital, en especial del web social o 2.0, que ha levantado muchas barreras geográficas y técnicas que hasta ahora impedían compartir ideas y recursos.

La segunda es la voluntad de las nuevas prácticas de contribuir al procomún, es decir, a trabajar en código abierto, compartir know how, generar nuevos bienes comunes sobre todo en la producción cultural y de conocimiento.

La tercera es la hibridación de las fórmulas organizativas que se adoptan con objeto de integrar más posibilidades de actuación y más agentes: cooperativas vinculadas a una asociación; cooperativas mixtas o integrales (trabajo-consumo, vivienda-consumo-crédito...), y cooperativas multistakeholder, donde participan trabajadores, consumidoras, voluntarios y entidades de apoyo, a la manera de las cooperativas sociales italianas, las sociedades cooperativas de interés colectivo en Francia y las cooperativas de solidaridad del Quebec, con la diferencia que aquí, y menos ahora, las administraciones locales no se implicarán. La inclusión de los consumidores es, posiblemente, la más estratégica: implicar el cliente en la marcha de la empresa e incentivarlo porque nos ayude a crear y mejorar el producto o servicio. Toda hibridación de personas estimula la creatividad si sabemos gestionar su activo, la diversidad.

La cuarta tendencia es el consumo cooperativo de bienes y servicios, así como de espacios y recursos, entre personas, entidades y empresas. Destaco el crecimiento del co-working, aunque tendría que ir más allá de compartir unos metros cuadrados de oficina; se trataría de cultivar espacios comunitarios y multidisciplinarios, que favorezcan la relación entre personas y organizaciones, de la cual nacerán proyectos de intercooperació.

La quinta es la importancia del arraigo territorial de muchas de estas iniciativas, de impulsar procesos de desarrollo cooperativo local y comunitario a partir de los recursos de cada barrio o pueblo; la experiencia del barrio cooperativo en Sants, en proceso de replicación a otros barrios barceloneses como Gràcia o el Poble Sec, van en esta línea.

La sexta es la consideración de las empresas como comunidades de personas que comparten un núcleo duro de proyectos, siempre en construcción y revisión permanentes, pero que además facilitan la inclusión de proyectos individuales o de los pequeños grupos dentro la organización. Se trata, pues, de hacer empresas atractivas y vivas, que fomenten la intraemprenduría de acuerdo con los deseos tanto de todo el colectivo humano que las componen, como incluso de pequeños grupos o de personas individuales que hay en su interior.

Por último, la séptima es la introducción de nuevas formas de financiación: los socios colaboradores inversores en el caso de las cooperativas (inversores que, a veces, pueden ser otras cooperativas); las prácticas de micromecenazgo y de microfinanciación; el pago diferido por servicios; etc. Tenemos que ser conscientes que, en estos años que vienen, muchos proyectos empezarán a funcionar desde la precariedad más absoluta, con un capital exiguo juntado gracias a muchas pequeñas fuentes de financiación.

Emprendeduría social y emprendeduría política

Menciono prácticas concretas de emprendeduría social propias de la economía social y solidaria que responden a alguna de estas tendencias y que, a la vez, pueden inspirar proyectos futuros. Som Energia, que es una cooperativa de consumo y trabajo, productora y distribuidora de energías renovables. Apindep y Apindep Ronçana, asociación y cooperativa de consumo respectivamente, que suministran servicios para personas discapacitadas. COS, cooperativa mixta de trabajadores y consumidores dedicada a producir servicios de salud de manera autogestionada. Sostre Cívic y Gest Cívic, asociación y cooperativa de trabajo respectivamente, promotores de regímenes de tenencia de vivienda alternativos a la compra, como son la masoveria urbana y la cesión de uso. Open Xarxes, cooperativa de trabajo valenciana que difunde el software libre. Amical Vikipèdia, asociación que gestiona la parte catalana de la vikipèdia, la enciclopedia que contenido libre y colaborativo (lapsus, !quería decir cooperativo!). Las Comunitats Autofinançades CAF, que son entidades de apoyo mutuo que ofrecen pequeños créditos a los socios. Goteo, una red social de micromecenazgo y microfinanciación impulsada por la asociación @Platoniq. El local del grupo cooperativo multiservicios ECOS, espacio donde conviven sinérgicamente ocho cooperativas de este grupo con otras entidades como el Observatori DESC o el CRIC, editor de la revista Opciones, o el proyecto Fiare. La nueva etapa de los cines Renoir, en Palma, que ha evitado el cierre convirtiéndose en cooperativa de consumo. La cooperativa y centro especial de trabajo Nou Verd, que, junto con la asociación de empresas con finalidad social, Entrem-hi, ultima un proyecto para producir energía de la biomasa para personas con trastorno laboral severo y vinculado a los payeses del Alt Penedès. Etc.

Para ir acabando: hoy más que nunca necesitamos multiplicar las iniciativas de emprendeduría social y tantas dosis de innovación social transformadora como sea posible para ir resolviendo las heridas más sangrientas de los grandes problemas que como sociedad y como humanidad tenemos planteados: la desigualdad social, la pobreza y la exclusión; la crisis socioecológica y la progresiva degradación de las democracias. La economía social y solidaria ofrece el marco idóneo para los proyectos de este tipo que necesiten configurarse como empresas.

No obstante, no nos engañemos: los emprendedores sociales “no salvarán el mundo”(2). Tal como sugiere Amalio Rey(3), toca reclamar que surjan también emprendedores políticos, gente valiente que no se doble a los dictados de la oligarquía que eufemísticamente denominamos “mercados”, sino que impulsan políticas públicas de apoyo decidido a la emprendeduría y la economía sociales en lugar de marginarlas, desnaturalizarlas o utilizarlas para desguazar el estado del bienestar y para endosar encima las personas paradas la responsabilidad de no tener trabajo.

Pero, sobre todo, la principal misión que tendrían estos emprendedores políticos sería emprender, con el apoyo de la mayoría social movilizada, una serie de innovaciones institucionales (sí, la innovación institucional también existe!); es decir, cambiar las estructuras y las reglas de juego que cada día nos acercan un paso más al precipicio social y ecológico. Mientras esperamos o creamos estos emprendedores políticos, bienvenidos sean los emprendedores sociales. Es verdad que tapan agujeros, pero no es menos cierto que evitan unas cuantas piernas rotas y que, poco a poco, van haciendo suyo el campo.

Notas:
1: De acuerdo con la ley de economía social, podemos entender por economía social aquellas entidades en que predominan las personas y la finalidad social por encima del capital, que se gestionan de manera autónoma, transparente, democrática y participativa, que aplican resultados principalmente en función del trabajo aportado y del servicio o actividad realizada por las socias y socios o por sus miembros y, si se tercia, a la finalidad social objeto de la entidad, que promueven la solidaridad interna y con la sociedad, y que son independientes de los poderes públicos. Por lo tanto, estamos hablando de cooperativas, mutualidades, fundaciones y asociaciones que llevan a cabo actividad económica, sociedades laborales, empresas de inserción, centros especiales de ocupación, etc.
2: Título del artículo de Guillermo de Haro al Económico, del 23 al 29 de junio de 2012, “Los emprendedores no salvarán el mundo”.
3: “¿Qué te parece si hablamos de emprendedores políticos?”. http://www.amaliorey.com/2012/05/23/que-te-parece-si-hablamos-de-emprendedores-politicos-post-305/

* Versión ampliada y revisada de la ponencia presentada el 28 de junio al IV Seminario Internacional sobre Emprendeduría e Innovación Social, organizado por el Ayuntamiento de l'Hospitalet de Llobregat.

 

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